'La poesía es un retrato sin pudor de los huecos que dejan las personas en nosotros'. MC

jueves, 5 de febrero de 2015

Llegaste. Gracias.

Llegaste a mí
en uno de esos momentos en los que la fiesta de la vida
ha dejado de ser ruidosa
y las lámparas de reflejos ya no pegan con las conversaciones,
y la música se va deshaciendo despacio
y la gente se abraza
como si otra noche más se les hubiese hecho corta
y esa fuese la mejor manera de decir el amor.

Llegaste en ese momento en el que se despiden,
de uno en uno,
con la sonrisa triste de saber que una vez más ha sido perfecto
y que pasará mucho tiempo hasta la próxima.

Llegaste
justo
cuando ya ha pasado el suficiente tiempo de silencio
como para dejar de echar de menos
a los que un día fueron 'los de siempre'.

Llegaste para rodearme la cara con los dedos
y verme dormir entre el confeti
como el que se deja flotar por encima de sueños que en otro momento fueron felices.

Llegaste para prometerme sin querer
que todo iba a salir bien
si yo lo quería.
Y una tarde azul de febrero en la que Bob Marley
tarareaba un no woman, no cry en una radio lejana
me miraste por encima de los libros que estudiábamos
y me dijiste que no me imaginabas llorando.


Llegaste
para hacerme ver
sin querer
que yo era yo, y que sin que te lo contase
tú sabías verme.

sábado, 3 de enero de 2015

A cámara lenta

Hoy lo he visto.
Sí.
Hoy he visto como se te para el mundo
cuando me miras.

Tenías razón,
que real es la felicidad
cuando lo nuestro va a cámara lenta.

He visto como dejabas de lado el café
y la taza hacía una marca circular sobre la mesa.
He visto como la niña rubia de los vecinos
se quedaba suspendida en el aire
sobre un charco.
He visto como cada segundo de sol de invierno
se convertía en un verano invisible
nos rozaba los tejados
alargando las sombras
espantando  los pájaros.
Nunca imaginé
que fuese tan imposible
parpadear
cuando un pájaro bate sus alas a cámara lenta.
Sólo entonces te das cuenta de la suerte que tú tienes de estar justo ahí,
justo ahí,
presenciando el milagro de volar.



Hoy he visto como se te para el mundo
cuando me miras.
He entendido, entonces
lo obvio que te parece querer vivir.

¿Sabes?
Yo también quiero.
Aunque haya que seguir respirando siempre,
-siempre significa que también cuando duela-

En el desayuno hemos hablado de un oso polar
haciendo equilibrios
sobre el cadáver azul del Ártico.
Siempre me ha encantado
esa cotidianidad
con la que hablamos de salvar el mundo.

Hay personas
cuyo salvavidas es un disfraz de la vida.
Se maquillan de rosa las mejillas
como diciendo:
aquí guardo besos recientes.
Personas satisfechas, cada fin de año,
porque creen que en esos 365
han dado con la respuesta.
Con la fórmula secreta de la felicidad.
¿Te lo puedes creer?

Yo, después de asomarme cada día al mundo
vuelvo a casa con sed de tumbarme boca arriba,
cierro la puerta
-como si el universo fuesen las cuatro paredes que nos encierran
y la ciudad un fantasma en un armario-
cierro la puerta con ganas
-como quien pasa una canción que no le gusta-
me doy la vuelta
y te veo a ti
habitando despacito todos los rincones de mi casa,
cumpliéndome los sueños
con los ojos azules de no pertenecer a este mundo
y escuchando la radio
con la alegría más humana.
Tú,
tú,
tú,
tan de aquí y tan de ninguna parte,
tú sin nada,
cariño,
tú sin nada eres un baile contra todas las ruinas.

Entonces el resto,
todo eso que ruge al otro lado de nuestra puerta
se convierte en un intento mecánico de latir
y nosotros nos reímos ante su mentira.

Nos gusta sentirnos ciertos.


MC




jueves, 11 de diciembre de 2014

Con refranes y a lo loco.

Chsss, tú,
que al mal tiempo buena cara
¿y si llueve?
y si llueve bailamos.

No te quejes del silencio
y disfruta de como el gato te come la lengua.

Que ni la tercera
sea la vencida,
porque aquí hemos venido con uñas y dientes
a no dejarnos ganar. 
Porque a tontas y a locas
la vida son un sin vivir
un amor a pelo
un invierno a quemarropa
una tumba abierta llena de flores
y tres días,
ah, y sonríe,
que vamos por el segundo.

Cada mochuelo a su olvido
cada gato con su luna
y si algún día se nos cae el mundo encima
pues carretera y manta,
y a volar.

Contra lo de ahogarse en vasos de agua
una ventana con vistas al mar
que hace que todo duela menos.
Y contra lo de ser esclavo de una ciudad
pues cómprate un bosque,
piérdete,
planta fresas
y corta por lo sano.

No eches tanto de menos
que aquí lo único que es de (y para) toda la vida
es el respirar.
Y eso de las despedidas a la francesa
al final, lo único que hacen
es que sintamos que lo único que nos queda es París,
y es una pena
porque el mundo es muy grande
lo mires por donde lo mires, ojos de mar.

Disfruta la calma
y la tempestad
y la calma
y la tempestad
y así siempre,
es decir
disfruta tu vida.

Échate flores,
y cuando te digan que estás como una regadera
riégales las suyas,
para que vean
como de bárbaro es el jardín ese de estar en las nubes.

Presume de primaveras
de las que tienes
y de las que te quedan,
porque las pongas donde las pongas te quedan bien.

No olvides hacer de vez en cuando de corazón tripas
para tenerle hambre al amor
que se necesita igual.

Hazle el agosto
a todo el que veas que pierde sus hojas
porque el verano...
el verano siempre sabe como arreglar los rotos.

Que si vas a no hacer nada
que sea mirándole el ombligo a otro
o a otra,
o a un poeta, o a un abogado, o a un amigo de una noche,
o a un marinero, o a un hombre sin sueldo,
o al amor de tu vida,
porque para los gustos: colores
y en los muros de esta ciudad gris
los niños con capucha todavía pintan arcoiris.
Que así perder el tiempo
no sea más que un juego
y baste con contar hasta diez con los segundos
para darnos cuerda y seguir.

Que quien tuvo, retuvo
y suma y sigue
y que por eso nunca es tarde para intentarlo.

Si todos los caminos te llevan a Roma,
pues vuelve a las andadas
y toma otra cerveza de esas que burbujean de ganas,
que como dijo un sabio griego
sólo hay un principio motriz: el deseo
y yo he venido aquí
para contarte un secreto
bajito, al oído:
que si te van a querer 
que te quieran alto. 
Muy alto.




MC






domingo, 30 de noviembre de 2014

De momento, para siempre

Pongamos que se está acercando un día de abril
como en la canción,
y que después de tres meses de lluvia
el cielo está azul,
como en tus ojos.

Pongamos que te estoy esperando en un banco frío y nuevo
en el parque más viejo de Madrid,
que llevo ese vestido granate que te gusta tanto
con ese jersey largo que era de mi madre.
Pongamos, también, que llevo caramelos de cereza en el bolsillo
por si los besos, ya sabes,
que a mi alrededor pasean niños con sus abuelos
ríen,
disfrutan de lo bueno de la vida,
como hacía yo con los míos cuando aún estaban aquí.

Pongamos que tú estás tres calles más al sur
y que corres como un loco entre los coches
con una flor en la mano
para mí,
que piensas en besarme
y que eso te hace sentir que más que asfalto
estás rozando nubes
en mitad de un aire limpio de semáforos.

Pongamos que no hay taxis amarillos ronroneando
ni cafés para fumadores en las azoteas
ni mendigos sucios llorando en las esquinas
ni floristerías que venden flores de plástico
ni banqueros con periódicos y prisas
ni mujeres con heridas bajo el tacón.
O mejor
pongamos que los hay
pero que no nos importan.

Pongamos
solo
que hay amor,
que han pasado quince años
y que entre nosotros
todo
sigue siendo
igual
de diferente.

Que las mariposas
han encontrado en mitad de la ciudad
refugio en nuestros estómagos.
Y se han quedado
de momento
para siempre.


MC








viernes, 7 de noviembre de 2014

De ser, estar y el cuento de crecer.

'Vivir es una gran aventura'
lo ha dicho el chico que nunca creció.

Después llegó lo del ser y el estar.
¿Recuerdas?
Lo de eres luz
en este mundo de mierda.
Eres fotosíntesis y clorofila
en el callejón de una ciudad vertedero.
Eres poesía
a secas,
y magia
sin mangas.

Ser.
Estar.
Yo me sé la diferencia. 

Me ha gustado encontrarte hoy,
hacía tanto tiempo
que hasta decir tanto queda bonito
-¿y tu vida? ¿qué tal estás?
Pues bien, ya sabes,
muy feliz
como siempre.
-Sí, lo olvidaba. Qué pregunta tan estúpida.
Tú nunca estás feliz
tú lo eres.

Después de todo
por lo visto
me conocía más de lo yo que pensaba.
Lástima que eso del 'nunca es tarde'
sea una mentira
como todas esas palmaditas que nos dan en la espalda
cuando se nos mueren las ganas.


'Qué ironía,
viene a por el capitán garfio
y se tragará un cuento'
Lo dijo  Barrie,
el padre del chico que no creció.
Y ¿sabes? me recuerda mucho a la vida.
Te hablan tanto del dolor
que de tanto esperar
agazapados
el golpe,
se nos muere el polvo de hada de la piel
y al final no morimos volando
sino arrugados por una humedad
que no es la de las nubes.

Nunca he pedido sal a los vecinos
aunque sí unas medias
un bañador de natación
manzanas reineta
y hasta el nombre de una canción que una mañana se les escapaba bonitamente por la ventana.
Pero una vez pedí un dedal
y me dieron un beso,
y desde entonces creo un poco más en el mundo.

Después llegó lo de crecer
y entonces conocí a una francesa
que no sabía la diferencia entre ser y estar.
Je ne comprends pas. Decía.
Una lástima.
Nunca saboreará la diferencia entre un:
estás muy bonita
y un
eres muy bonita.
O entre un:
estar contigo
y un
ser contigo.

Hay personas con las que te cruzas
en esta casualidad de planeta y de ir y venir en el que vivimos
que se convierten en primeros días del resto de nuestra vida,
personas
con las que mirar hacia atrás
siempre significa llenarnos de nudos marineros la garganta.

No existe la temporada de rebajas en esto del amor
ni los descuentos,
como mucho primaveras con 15 años  que solo ocurren  una vez
e inviernos
muchos inviernos.

'Si on n'aime pas trop, on n'aime pas assez'
Lo dijo Voltaire.
Y a mí me lo contó aquella francesa que no sabía la diferencia entre ser y estar.
Bueno...
por lo menos sabía de qué iba eso de amar.


Después siguió el cuento
crecimos del todo
y tuvimos que decírselo a Peter
que, por supuesto, no lo quiso entender.
La vida siguió siendo una aventura.
Seguí conociendo personas
que se fueron convirtieron en primeros días del resto de mi vida,
-hay que ver la de veces que podemos volver a nacer-
y yo,
yo seguí destrozándome la garganta recordándote
'tú nunca estás feliz. tú lo eres'
porque es verdad,
desde aquel entonces
desde aquella última vez,
no he vuelto a estar feliz.
Simplemente lo he sido.




MC




miércoles, 1 de octubre de 2014

Contigo es conmigo.




Hoy me he despertado pesando en Madrid contigo. En los bailes de la taberna verde, en los paseos y las promesas de Gran Vía, en los besos de los bancos del retiro, en los chapoteos de Cibeles a las cinco de la madrugada y en los viajes a lomos de los leones del congreso.
Me he imaginado las primeras luces del día, tras una de esas noches sin estrellas, y tu cara de sueño pidiéndome una tregua, diciéndome: yo ahora lo único que quiero, rubia, es dormir contigo.  A tu lado.
Y sí, lo sé. Para despertarte con el sol y la cabeza apoyada en mi cintura, para contarme que no sabes muy bien si has soñado que yo dormía a tu lado o que,  simplemente, has pasado la noche siendo incapaz de cerrar los ojos ante mi luz.

Hoy estoy escribiendo y es martes, fíjate, un día cualquiera. Ni es domingo, ni llueve, ni el mundo parece un collage de fotografías y postales viejas, ni siquiera mis sábanas parecen las ruinas de una historia bonita. Y como en todos los días esos que no tienen título, que están en blanco en los calendarios, yo me he levantado con la mirada perdida en el aire, los pasos a ritmo de acordes desordenados y la estúpida sensación de que, otra vez, me estoy enamorando.
Otra vez. Sí…
Como si pudiese dejar de hacerlo.

Me siento tan débil a veces. Tan dependiente. Tan  expuesta a los golpes. Que hasta me doy un poco de pena y noto que el cariño se me vuela y que no voy a saber muy bien qué decirte cuando te vea. Que a ver si esto de querer todo tanto me va a desgastar el amor y luego… luego no sé si voy a querer vivir sin él.

Hoy es una de esas veces, una de esas en las que te pesa tanto el agua del corazón que sientes que te vas a caer de lado. Pero ya me conoces y por eso sabrás que no me importa,  porque hoy me he despertado pensando en Madrid contigo. En las ganas de visitar  tu barrio, de abrirte las cortinas para que los vecinos nos vean la sonrisa, de tender mi ropa interior en tus cuerdas y de que me lleves a cenar pasta y cerveza a tu azotea. 
Imagínate el cuento, no tenía final porque no veía el momento y por eso ha sido una buena forma de empezar el día. Y ¿sabes qué es lo mejor? Que después ha aparecido mi madre por la puerta y me ha preguntado que a qué se debía mi cara de felicidad.
Y entonces… entonces, lo he entendido todo.
Todo.

Que yo me quise quedar contigo porque tú decías que la vida era corta y que por eso había que saber vivir despacio, y ahora sí: que enamorarse todos los días de tu vida no es una forma de gastar el tiempo, solo es la mejor excusa para poder decir que lo vivimos. Y eso, eso hace que un contigo sea  un conmigo y que no queramos nada más.



MC


sábado, 30 de agosto de 2014

Un él de un sueño.


Yo caminaba por la calle
buscando con los ojos aquellas cosas que no se ven
y que solo se sienten,
cuando le encontré a él.
Uno de esos pequeños milagros
que viven en las ciudades sucias
haciendo que parezcan selvas de flores plateadas
y sus ruidos
el trinar y el rugir de bestias con alas metálicas.

Él también caminaba,
sin destino,
caminaba quieto
como explica Muriel Barbery
'con esos movimientos compactos en los que uno se convierte en su propio movimiento sin la necesidad de fragmentarse dirigiéndose hacia algo'.

A la vez
tocaba sus rizos
miraba el suelo
y sonreía
como si estuviese hablando con él
de lo lejos que quedaba el cielo
y de lo bonito que sería
que en las aceras hubiese tráfico de nubes blancas
grises y negras
y que de vez en cuando lloviese al revés.

Lo bueno de caminar sin ir a ninguna parte
es que cualquier lugar o momento
puede convertirse en nuestro destino
si lo queremos.
Y ese era un buen destino.
Su presencia era un buen destino.

Y como el que se muda a una ciudad más pequeña
y llena sus ventanas de flores
por eso de que en la vida
las prisas son un cuento con final triste,
me quedé clavada en el suelo
mirándole
y viendo en él todas esas cosas que no se pueden mirar
-solo sentir-
viendo, por ejemplo
su primera bicicleta,
sus primeras mariposas en el estómago
-de esas amarillas que solo hay en primavera-
la cicatriz que dejó el hueco de un amigo
y la mancha en la comisura izquierda
de un beso que terminó sin promesas, ni amor, ni presente, ni futuro.

Supe mientras le perseguía con los ojos
entre la gente
que él sabía de mi existencia
porque me había visto sin mirarme
y se había reído de mi forma de decir que París es del color del caramelo
de mi miedo a los escarabajos que hacen ruido cuando vuelan
de mi desesperación pidiendo lluvia en agosto
y de mi descarada manera de quedarme a vivir con los ojos en la cara de los demás.
Él lo sabía
aunque jamás se volvió para mirarme.

Siempre he pensado
que mirar a alguien por última vez
sabiendo lo difícil que sería volver a encontraros
es como asistir a su entierro
pero sin luto y sin flores.
Y aunque nunca imaginé
que me despediría de un sueño
en mitad del paseo de recoletos
sin lágrimas ni pañuelos negros
sabía que ese debía ser el funeral más bonito que presenciase jamás.
Lo sabía porque más que una muerte
se celebraba un salto de vida.
Un ahora he vivido así
y ahora voy a vivir así.
Una reencarnación
en la que mueres acariciando el suelo
y naces con alas,
en un parto sin gritos
en mitad del carnaval de la calle y el mercado.

Cumplí con eso de que los sueños se despiden mirando con los ojos cerrados
y al dar media vuelta hacia la realidad
-que era esa calle sin él-
me pareció todo muy blanco y negro
muy 'por aquí ha pasado cabalgando un sueño
y ya se ha ido'.

MC